miércoles, 21 de noviembre de 2012

Especial de Halloween

Women! por la tardanza se que esto debí de subirlo el 31 de octubre y pues es 21 de noviembre. Pero he tenido bastantes dificultades y la inspiración me queda por los pisos créanme cuando les digo que este one fic se me llevo 8 horas en escribirlo completo ¡8! pero espero sea de su agrado. El especial de navidad espero subirlo a tiempo espero lo disfruten.



~ — ¿Por qué demonios tenemos que hacer una fiesta Lizzy? —le pregunto por quinta vez a mí ‘prometida’ que danzaba de un lado a otro de mi mansión ‘decorando’ todo para Halloween.
—Porque eres el único niño Ciel que no celebra este día. Y yo quiero que Ciel sonría —me contesto sin voltear a verme.
—Tsk—resignado camine hasta mi despacho, donde por el camino me encontré a mi mayordomo.
—Boochan ¿Sucede algo?—me pregunto con su sínica sonrisa.
—Cállate —le dije pasándolo de largo —ayuda a lizzy con su maldita fiesta. Si vendrá gente de Londres quiero que todo este perfecto ¡Es una orden! —
—Entendido—
Y no lo oí; pero supuse que debió de haberse ido ya. Ese maldito demonio jovial y perfecto ¡Me molestaba!
Entre a mi despacho y allí me senté en mi escritorio de caoba fino y pulido.
En verdad me sentía muy triste… ¿de qué me servía tanto poder?...de que me servía ser tan inigualable casi un Dios…si las pocas y escasas personas que yo amaba no estaban allí cuando yo lo necesitaba.  Muchas veces me pongo a recordar mi pasado…y mi pasado era más grato…lleno de gente que me mostraba cuanto yo le importaba. Pero el pasado está muerto y lo que se pierde jamás volverá.
Ese pasado era una ilusión llena de mentiras y engaños. Tal vez sufro por eso en el presente. Aunque jamás le hice daño a nadie soy quien más daño recibe.
Estaba cansado de tantos alborotos  ¿Qué mis sirvientes y mi prometida no podía ser como las paredes? Quietas, gélidas y sin vida aparente.
Tal y como lo era…Sebastian.
¿Por qué pensaba tanto en el últimamente? Sebastian aquí…Sebastian allá…Sebastian por donde pueda mirar. Que patético y dependiente me siento de él…aunque es cierto. Gracias a él estoy vivo…gracias a él sigo con vida y gracias a él tengo una razón de vida.  
Es frustrante…el solo me ve como un bocadillo. Como un tonto chiquillo que tarde o temprano se tragara mi alma. Y yo…danzando en el tablero de juego. Como lo odio…lo odio…odio~

Ciel sin darse cuenta fue cayendo dormido sobre su escritorio.

— ¡Ya está todo listo Sebastian-san!—grito lizzy— solo falta que le pongas esto a Ciel para esta noche —dijo la niña pasándole una caja.
—Si mi lady—suena el timbre—
— ¡Kya! Empiezan a llegar los invitados toma Sebastian —dice la chica colocándole unas lindas orejas de conejo a Sebastian —tú serás el usagi san de la fiesta —sonríe emocionada mientras se coloca unas orejas de oso —iré a abrir —
Sebastian suspira cansado y se da la vuelta para dirigirse al despacho de su Boochan. Se preguntaba qué clase de disfraz le habría comprado Lizzy a Ciel.
Llego a la puerta de su amo y sintiéndose un poco más relajado toco la puerta.
—Boochan—espero su aprobación para entrar y no la escucho. — ¿Boochan?— abrió la puerta y vio al pequeño chico  durmiendo.
Sonrió enternecido y camino hacia él. Tomo la caja hacia un costado de su torso y con el otro brazo alzo con suma delicadeza a su amo.  Camino casi danzando en el suelo hasta la recamara del menor, sin que este se diera la idea de que estaba en los brazos del mayor. Entro al cuarto y lo deposito suavemente en la cama.
—Boochan…Boochan—susurro muy cerca del rostro del menor.

~La cálida vos de mi mayordomo me llamaba…era muy cálido…tan cálido. Su aliento impactaba en mi rostro…delicioso. Tal vez un sueño…debería de aprovechar.  Abrí lentamente los ojos y vi sus orbes carmesís mirándome con ternura. Definitivamente era un sueño…así que sin pensarlo dos beses me acerque a mi demonio y bebe sus labios con timidez y tristeza~

Los labios de su amo se posaron en los suyos haciéndolo quedar básicamente en un shock momentáneo.
Ciel se alejó de él suavemente y volvió a caer sobre la cama con los ojos cerrados. Poco a poco los fue abriendo…dándose cuenta de que no era un sueño…dándose cuenta de lo que había acabado de pasar…y dándose cuenta de la expresión de su mayordomo.
Su rostro se puso colorado, más rojo que el de un tomate y enseguida se sentó de golpe en la cama tapándose la boca. Quería llorar…quería tirarse de la ventana y matarse eso quería.
Sebastian lo miraba ahora con una sonrisa en los labios. No lo forzaría ahorita, si le hablaba del tema su amo era tan capaz de intentar romperle la cara a punta de puños y eso sería malo.
—Boochan, la señorita Elizabeth le manda este disfraz para que lo muestre en la fiesta de esta noche que ya está en marcha —dijo de manera casual abriendo la caja lentamente. Al ver su contenido una sonrisa pícara y morbosa se dibujó en sus labios.
Ciel suspiro y trago sálica. Era de esperarse…su mayordomo solo ignoraría esa muestra de debilidad y seguiría su vida normal. Era obvio…solo debía hacer lo mismo.
—Sí claro. Colócamelo —dijo  sentándose en el borde de la cama con los ojos cerrados.
—Entendido— Sebastian saco las pequeñas prendas blancas de la caja y luego empezó a desvestir a su amo.
Este no lo miraba, solo estaba allí con los ojos cerrados. Sonrió al saber que su amo no se daría cuenta de lo que tiene puesto sino hasta que abriera sus hermosos orbes bicolor.
Coloco el pequeño short y luego la camisa en su amo. Seguido de los calcetines y las largas botas de un pequeño tacón aristócrata. En su ojo coloco un hermoso parche blanco y en su cabeza el adorno final, además de en su espalda otro adorno.
—Ya está Boochan —dijo Sebastian con una mirada endemoniada.
Ciel abrió sus ojos y sin ser capaz de mirar a su mayordomo camino hasta el espejo de su cuarto. Al verse su ojo casi se sale de su órbita.
— ¡¿Un ángel!?—grito el chico casi catatónico.
Tenía un pequeño short blanco con unos calcetines que le llegaban a los muslos además de unas botas a media rodilla blancas. Una camisa que le dejaba expuesto el hombro derecho con unas alas que se desprendían de esta. En su cabeza un listón blanco.
—Se ve muy bien Boochan—dijo Sebastian tras el sonriendo.
— ¡No te burles! —Grito Ciel sonrojado —es pésimo. Muy pésimo.
—No me burlo, en mi opinión podría recibir muchos dulces solo con dejarse ver —dijo Sebastian mirándolo lujuriosamente—es más tengo muchas ganas de darle dulces  —sonrió Sebastian avanzando hasta Ciel.
— ¿Qué? —pregunto Ciel encarándolo.
—Boochan ¿me permite darle mis dulces?—volvió a preguntar Sebastian.
Ciel sabía que algo iba mal…el tono con el cual su sirviente usaba la palabra ‘Dulces’ no le gustaba para nada. Pero le daba curiosidad que tenía planeado. Aunque quedaba claro que nunca…nunca en su corta vida. Habría imaginado lo que si mayordomo tenía planeado.
—Está bien—dijo Ciel suspirando—dámelos.

—Sebastian…. —forcejeo el chico mientras intentaba quitarse a su mayordomo de encima, que lo había tomado en brazos y había colocado sobre la cama— ¿Qué haces?
—le daré mis dulces Boochan…no puede retractarse —susurro el mayor en su oído, haciendo que se erizara.
—Pero…no veo los dulces…—dijo Ciel casi sin aliento.
— ¿Quiere verlos? ¿Tan pronto? —sonrió el mayordomo mientras con su boca retiraba el parche del menor.
—Yo…sí. ¿Qué haces?—pregunto Ciel al sentir los labios del mayor en su cuello. Su cuerpo empezaba a temblar.
Sebastian se limitó a succionar el cuello de su Boochan  mientras este soltaba incoherencias para que lo soltara vanamente. Sus aguantadas manos bajaron lentamente para retirar la camisa del menor.
—No sabe cuánto he deseado esto Boochan…—susurro Sebastian contra su cuello mientras se deshacía de la molesta prenda.
—Sebas…tian—dijo Ciel abriendo sus ojos como un par de platos. Era un chico sí, pero no era ajeno al tema del sexo. Entiendo lo que sucedía no pude evitar sentir un cosquilleo en su estómago y mucho más con las palabras de su mayordomo.
El demonio lentamente bajo a besar los pezones de su niño, erectandolos en tiempo record y haciendo que este se arquera dejando escapar un pequeño y ahogado jadeo.
—No tiene por qué reprimirse Boochan—sonrió este mientras se retiraba sus guantes y su corbata.
—Cállate— ordeno Ciel cerrando los ojos con fuerza.
Sebastian sonrió de nuevo complacido por la altanería de su amo y quitándose su chaqueta y su chaleco, se coló sobre su amo besando su pecho y abdomen.
Ciel apretaba la sabana debajo de sí, esperando con ansias. Aunque no lo pudiera admitir. El contacto con su demonio.
Sebastian llego al borde de los short del niño y lo desabrocho bajándolo junto a su ropa interior y las botas. Ciel instintivamente cerró las piernas apenado y miro hacia otro lado con el rostro totalmente sonrojado.
—No tiene por qué cohibirse a estas alturas Amo —susurro Sebastian acariciando las piernas de su dueño. — ¿Quiere su dulce ya? —susurro Sebastian mientras sacaba su polera y lentamente desabrochaba su pantalón.
Ciel abrió los ojos y los dirigió hacia las manos de su demonio, viendo como de entre su bóxer sacaba un enorme y grueso miembro.  No pudo evitar relamerse los labios y asistir a un impulso que todo su cuerpo le pedía a gritos.  Se levantó colocándose en cuatro mirando a su mayordomo.
Sebastian con mirada lujuriosa observaba como el menor se acercaba con un sonrojo y el ceño fruncido  a su miembro. No pude evitar sacar su lengua para relamer sus labios al saber que aquella boca virginal lo lamería.
Las alas en la espalda y  el listón en la cabeza de Ciel estaban intactos, haciéndole un poco de gracia al mayor ya que su morbo crecía al tener un precioso ángel bajo su yugo.
Ciel sin poder permitirse aguantar más, saco su húmeda lengua y tímidamente lamio la punta del colosal miembro.
Sebastian cerro los ojos mandando su cabeza hacia atrás, controlando su lado demoniaco…las ganas de empotrar a Ciel sin piedad alguna…debía controlarse…la pregunta era ¿Por qué lo hacía?
Ciel empezó con pequeñas lamidas y luego con grandes chupones por todo el miembro del mayor. Sebastian un poco jadeante tomo la cabeza de Ciel y le impuso un ritmo a las embestidas en la boca del menor.
Ciel sentía que se atragantaba…pero cuando salía quería volver a engullir ese pedazo de carne que le pertenecía a Sebastian.  A la mierda su orgullo…por esta noche quería estar…con la persona que más ama.
—Va mejorando Boochan—dijo Sebastian con vos ronca y sensual —
—Tsk—dijo Ciel sacándose de la boca y mirando a otro lado.
—Pero esta noche….quiero complacerlo yo…—susurro Sebastian tomándolo por sorpresa cuando se colocó sobre haciéndolo caer sobre las sabanas de cara. Dejando toda su parte trasera expuesta al mayor. Y de alguna forma la idea no le molesto.
Sebastian lamio el cuello y la mejilla de Ciel mientras la mordía. Su mano de uñas negras bajo lentamente por la espalda del menor, hasta llegar a su pequeña entrada.
—Sebastian…—susurro el pequeño asustado…recordando aquel tiempo donde fue marginado por hombres asquerosos…tenía miedo.
—Shhh Boochan —susurro Sebastian a su oído sintiendo la tensión en el cuerpo de Ciel —yo estoy aquí….y jamás dejare que nada le haga daño…yo solo quiero….hacerle el amor—
Las lágrimas amenazaban con salir de los ojos del chico. ‘Hacer el amor’ cuan dulces eran las palabras envenenadas que soltaba aquel demonio.
El primer dígito fue introducido y Ciel mordió el adredon cerrando los ojos suprimiendo los recuerdos. Estaba con Sebastian…eso era lo que importaba.
El segundo dígito fue introducido….haciendo movimientos circulares dentro de la cavidad anal del chico. Para aliviar la tensión, Sebastian con su mano libre empezó a masturbar a Ciel, sintiendo como este ya estaba duro, grueso y chorreante.
Un jadeo de Ciel se escapó de sus labios, siendo música para los oídos de Sebastian.  Sin poderlo resistir mucho más…Sebastian acomodo su miembro en la entrada del menor y lentamente fue introduciéndole hasta no aguantar y meterlo de una estocada.
— ¡Sebastian! ¡Bestia! ¡Tras de que la tienes como un burro! —grito Ciel apretando los ojos para no dejar salir las lágrimas. Su mandíbula apretada al punto de dolerle bastante.
—Entre más rápido se acostumbre menos dolerá amo…créame—susurro divertido el mayor en su oído.
Las embestidas empezaron junto a buen ritmo en las caricias que le brindaba el demonio al miembro de Ciel.
Los gemidos no se pudieron contener mucho más en el menor, ni los jadeos y gruñidos animales de Sebastian.

— ¡Ciel! — Gritaba una pequeña abriendo cada puerta que encontraba buscando a su amado— ¿Dónde estará?
Unos sonidos extraños fueron detectados por la menor.  Con miedo al saber que era Ciel. Corrió hacia el cuarto del menor ¿Qué tal fuera el asma?  
Sin pensarlo dos veces abrió la puerta, encontrando a su Ciel bajo el cuerpo de Sebastian…unidos…sudando…sonrojados…ella no era tonta.  Los ojos sorprendidos y preocupados de Sebastian y los fríos e irritados de Ciel la miraban…sin poder aguantar el llanto, salió corriendo de la habitación echo una mar de lágrimas cerrando la puerta de un portazo.
—Señorita Eliza…. —Sebastian iba a salir ras ella, pero las piernas y manos de su amo lo detuvieron. Volteo a ver al chico sonrojado que lo miraba con enojo. —Boochan…—
—No hemos terminado Sebastian—dijo el menor con vos firme.
—Pero elizab…—otra vez interrumpido.
—Debe de entender que no puede meter sus narices donde quiere.  No la veo como mi prometida. Pero si tanto quieres ir tras ella lárgate —sentencio el menor soltándolo.
Los brazos del mayor lo tomaron por la cintura mirándolo con lujuria y furia.
—Por usted sacrificaría a todas las almas de este pútrido mundo. Por usted sacrificaría mi propia alma. Por usted yo haría cualquier cosa pero...yo solo iba a cumplir mi deber como mayordomo — Sebastian embistió a Ciel, sacando un gemido del menor y haciendo que lo abrazara por el cuello—Porque en verdad Boochan…es la primera vez que no solo quiero el cuerpo de una persona…—Ciel lo miro con los ojos abiertos como platos—También quiero su corazón. 

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